martes, 17 de febrero de 2015

¡Juan Hilario, Juan Hilario,

¡Juan Hilario, Juan Hilario,
No ande por esos caminos!
-Mire que El silbón le puede salir
y lo jode,
por mujeriego y vagabundo!
LUIS ALFREDO RAPOZO
Juan Hilario, andaba emparrandado
por los lados de Guanarito, 
una tarde de fiesta 
caminando,
buscando un caney, 
cercano al hato “Malavares”, 
bajo una lluvia fastidiosa 
que tenía todo enfangado.
Los peones dicen:
“Que fue un sábado en la tarde,
del mes de mayo, 
-bajo el compás de una bandóla, 
que se escuchaba a los lejos-,
cuando Juan Hilario
estaba alborotado
por bailar con las muchachas bonitas
que iban para el baile”.
“-Iba apuradito, cruzando por el hato,
entonces, a quien se cruzaba por el camino
-Juan Hilario-,
le indicaba que se fueran con él
para la bailanta-me contó un campesino
que me echó el cuento,
una vez que estaba en Guanarito,
detrás de una morena llanera
que me tenía sin dormir,
después que pasamos una tarde
escondidos en un monte,
cerca del río Guanarito-.
Fue José Juan
Quien le dijo: 
“-…Que él no lo acompañaba,
porque “El Silbón” andaba suelto,
dando palos a hombres solos por el camino.”
Juan Hilario, no le creía el cuento
y más bien se reía
de los cuentos de José Juan, 
que le tenía miedo a cuentos de camino.
-¡Tenga cuidado Juan Hilario
que el Silbón anda suelto, 
esta noche de mayo,
es la noche del silbón,
que anda silbando
y dándole sustos a la gente,
mire que el silbón no es juego!
Juan Hilario se internó por el camino
burlándose de los cuentos de José Juan.
Entonces, Juan Hilario
escuchó silbidos,
que se acercaban cada vez más;
Y se reía, porque pensaba:
“que José Juan
le estaba mamando gallo , desde la espesura.”
Sin embargo, Juan Hilario
agarró su garrote para defenderse
pero, no vio a nadie;
aunque sintió los golpes, escuchó los silbidos 
y lo dejaron aporreado en el camino.
Juan Hilario prometió no andar por las noches
en días de espantos
sobre todo en mayo,
cuando el silbón anda suelto.
Después me enteré
Que el cristiano que me echó el cuento
del “ silbón que sale por esos lados”,
Había sido marido de la llanera
Que yo me estaba buseando
En tierras de Portuguesa.
Entendiendo que fue un aviso
Que me entregó el cristiano,
Más nunca fui a guanarito,
Para evitar una paliza
En tierras ajenas;
Pero a la llanera me la llevé una semana
A pasear a Barquisimeto
Donde por más que silben en guanarito
Los sonidos no llegan, ni con parlante.

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