martes, 7 de octubre de 2014

¡Es que se cansa uno!

LINDA RESPUESTA
QUE LE DI A UNA BELLA SEÑORA
EN PLENA CALLE
QUE ME SALIÓ CON UNAS PALABRAS FEAS
AL FRENTE DE LA IGLESIA DE SAN FRANCISCO
CUANDO IBA CON LA SEÑORA LUCRECIA,
QUE ES COMO MI MADRE.


El otro día una vieja
Me dijo en plena calle y delante de todo el mundo:
…eres un negro feo y pelúo,
Con cara de coño de madre,
Seguro tienes pelúo el fundillo…”

Yo me quedé en una sola pieza,
la v erdad, verdadera
me quedé sorprendío
entonces,
cogí todo el aire que pude
para responderle como se merecía
sin dejar de ser caballero
ni parecer un hombre cochino
“…mire vieja balurda
Que no sabe quien la ha parío
-le dije elocuentemente
Y con muy buena educación,
Como si hablara con mi mae,
Un domingo de resurrección-:
…Si usted tiene problemas mentales
Y odia a los hombres,
Ese no es asunto mío,
Y en ese velorio
No tengo cirio prendío
-le seguí diciendo,
Como si estuviese declamando
Con los brazos abiertos
Y una voz sonora,
Que parecía un declamador faculto
Montado arriba de un templete-
Pero,
Si usted necesita hombre
Que le haga un supremo favor
Yo con mucho gusto
le presento a mi soplete
pero no me diga
que tengo el fundillo pelúo,
sea verdad o sea mentira,
ese insulto no se lo acepto a nadie,
así que
vaya a lavarse ese fundillo
vieja coño de madre.

¡Es que se cansa uno!

miércoles, 1 de octubre de 2014

ESTAMPAS DE GALIPAN

ESTAMPAS DE GALIPAN
Uno: La edad de bruno

Mi compadre Juancito Caña
Alquiló una bella yegua,
En el pueblo de Galipán
Por media hora,
Para dar un paseo por la montaña.
Con ella remontó la colina
hasta perderse en un sembradío,...
no vieron a Juancito por dos horas
ni a la yegua tampoco.


DOS: PATACLOS

Mi amiga Rosalinda Manduca
Es una mujer cuarentona
De cabellos claros y ojos azules
Que desciende de los fundadores
Del bello pueblito.

Allá arriba,
Tiene una casita de bahareque
Y un terreno muy grande
Donde siembra girasoles.

Un día le pidió a mi primo Gustavo Rapozo
Que subiera un fin de semana
Para enterrar la semilla
Pero, la muergana no tenía girasoles,
Lo que tenía era yuca.

Y qué hizo Gustavito, mijo?
-me preguntó una señora,
Que es buena con la lengua
Y le encanta el chisme
Subido de tono-.

-Bueno, señora
-le respondí un tanto sonrojado-
Gustavito se quedó todo el fin de semana
Con la catira Manduca
“echando machete
Y –como usted supondrá.
Enterrando la yuca”


TRES: AL REVES
La señora Maricarmen de Moñoño
Es una viuda muy linda
Que trabaja en un Ministerio como secretaria
desde los tiempos de la cuarta república.

Todos los días baja tempranito
En cualquier jeep de la línea hasta Cotiza,
O con cualquier vecino
Que solidariamente le da una colita.

Ella tiene un jeep
Del año de la pera
Que le dejó el finado Moñoño
Pero no está funcionando.

Su novio es un ex compañero de trabajo,
Que ya está jubilado
Y a quien le dicen “el zamuro”,
Un negro de dos metros
Que se enamoró de Galipán
Un día que subió a compartir en una fiestita
Y le da mucho cariño a su viudita…

-¿Cómo está la cosa Maricarmen
-le preguntan los amigos-
Arreglaste el jeep?
Y ella contesta con entusiasmo:
“Allá arriba tengo al zamuro
Metiéndole mano y poniéndolo bonito,
Cosa que hace de lunes a jueves
Porque de viernes a domingo
le mete mano a otra cosa.

-¡Caramba Maricarmen-le responden-,
Pero, tú también estás bonita!

-¡Al finado Moñoño yo lo adoraba-responde-,
Pero el zamuro me da lo que me faltaba,
Me construye en la casa, atiende un quiosquito
Donde vendo dulces, frutas, jugos y hasta mermelada;
Me arregla el jeep, me da cariño,
Me siembra una parcela
Con flores y a mi me da una ración
Bien completa,
Bien generosa,
De yuca, cochino y ensalada!



CUATRO: CONTRACULAZO

Jacinta Moñoño es comadre de la catira Manduca
Casi, no baja para Caracas
Porque le parece un fastidio

Pero, adora bajar a Macuto
Donde se echa un baño de playa
Y compra pescado fresco,
Bien temprano en la mañana
A los pescadores que llegan al balneario
En sus botes multicolores
Y a quien le ven cara de citadino
le pegan por el pecho el kilo de pescado
Como si los hubiesen criado
Con alimento importado…

Pero la Jacinta los conoce a todos
Y sabe muy bien, lo relamidos que son
Y entre conversa y conversa
Siempre ajusta el precio
Del pescado fresco
Que vende frito en su taguara.

Surte de pescado a los restaurantes
Que expenden comida en Galipán
Como si estuvieran en la Rue de Momparnase
Cobrando en dólares, en euros o libras esterlinas.

“Lo único malo de la Jacinta
-me contó un viejo agricultor
Que conoce de atrás
A la mujer-,
Es que se pelea con el agua y el jabón
Y Dicen las malas lenguas
Que es un trauma que tiene desde chiquita”.

lo malo del asunto-continúa contando el viejito-
Es que un día no tomó previsiones
Y agarró a la Jacinta medio borracha
Y le dio un consejo en el fondo de un conuco,
Cosa, que se arrepintió por mucho tiempo
Porque un animalito le pegó
Y anduvo, rasca que rasca
Por mucho, pero por mucho tiempo.

Lindos versos

Lindos versos
Lindos versos negroides,
para ser leídos
mientras se viaja en camioneta,
 o después de agarrar una rabieta

UNO
El otro día cruzando la Av. fuerzas armadas
me atropelló un chofer borracho
y me dio duro en una pierna.
Yo me dije:
 “-Carambolas,  me perjudicó la vida, este chofer despistado, recorcholis”

Entonces, unos policías
que para mi suerte
estaban comiendo unas empanadas
en la esquina de San Luís,
detuvieron al hombre
-quizás pensando en un negocio-
y a mi, rápidamente,
me llevaron al hospital Vargas
pues, se presumía una fractura
por el dolor extremo
-y eso que yo no soy llorón-
.

Cuando llegamos a “emergencia”
una doctora morena
con cara de barloventeña
dijo: “desnúdenlo” -como si yo participara
en un certamen de belleza-.

“Yo protesté inmediatamente
porque me acordé de un pequeño percance-”
La doctora decía que eran las normas
¿O, es que acaso quería que me picaran el pantalón?

Yo le dije a la matasanos:
“pique el pantalón doctora
porque me acabo de acordar
que tengo el interior roto
y lo que tengo guindando
se me va a salir,
sin ser invitado”

Entonces, la negra me dijo
con su voz de madre amorosa:
“…en este hospital mando yo”,
ordenando nuevamente:
“Para fuera el pantalón
salga quien salga,
así sea un degenerado,
feo o maloliente”

DOS
El fin de semana pasado
el ocioso de José Antonio
se tomó como 15 pastillas motivadoras
detrás de un palo de ron
y le rompió a la mujer la pantaleta
en menos de o que canta un gallo.

Se pasó toda la noche
sin poder dormir
dando en el rancho,
 pura voltereta…

Salía un ratito al patio
se tomaba otro palito de aguardiente,
miraba la luna
y regresaba
a brincar como un mono
detrás de la pobre Casilda
que parecía una pandereta.

Así estuvo toda la madrugada
hasta que salió el sol
y el José Antonio se quedó dormido
con el asta de la bandera
 mirando para arriba,
ondeando la pantaleta
como si fuera una bandera.

Y la negra Casilda
toda ojerosa
preparó su maleta
y se fue a donde su mamá
en el pueblo de Río Chico
a tomar hervido de lebranche
y a lavar en el patio
todas sus pantaletas.

TRES
El otro día en una buseta
una negra gorda y tetona
 llevaba guindando
un negrito llorando
-parece que quería teta-,
pero, la negra soltó un vozarrón
diciéndole:
“Cuando llegue a casa
te meto en la poceta”

CUATRO
El otro día me pasó  una hembra
 bien bonita por delante,
caminando rapidito, con mucho apuro,
sin embargo, no por eso
detallé a la linda mujer
con unas piernotas
y amplia cadera
con una boca carnosa y unos ojazos grandotes,
que le llamaban la atención a cualquiera.

Detrás venía el marido...
que se me quedó mirando
sin yo haberle dicho nada al mujerón
y me preguntó en son de pelea:
“¿Que si algo se me había perdido?”
Yo le respondí por la calle del medio
Ante el nerviosismo de la mujer
“que nada se me había perdido,
pero lo que me consiga en la calle,
es mío”

CINCO
Los tiempos están cambiando
a paso rápido y con mucho desconcierto,
como si el apuro despejara
las costumbres y los modos
guindados en un palo
donde las gallinas duermen la siesta
en una tarde de caminatas,
baños y jumentos.

El otro día se me atravesó una chama...
en la esquina de Cipreses, en la Av. Lecuna
y me lanzó un piropo extraño
que me dejó turuleco:
“Adiós viejito lindo
si fueras naranja
te sacara el jugo…”

Yo no miré para atrás,
no quise ver su cara
y me sentí intimidado
por lo que apreté el paso

Si me agarra en un callejón oscuro
me sacan en camilla
porque la carajita me haría papilla
creyendo que soy papa, con leche y  mantequilla

SEIS
La bachaca Marisol Espíritu Santo
anda de lo más presumida
desde que se metió a vivir
con el negro Matías “Pajarote”.
casi no saluda a nadie
y camina diferente
con el fundillo parado,
luciendo su pantaloncito caliente
y eso que el negro la tiene viviendo
en rancho “desbaratado”
con techo de cinc
y puerta de cartón
donde no llega el agua corriente.

SIETE
La negra María Encarnación
me tenía bailando como un majarete
en aquellos años
de cuando uno no creía en nadie 
y tenía que amarrar el machete.

Un fin de semana
la fui a visitar
-a escondidas-,
en el caserío donde vivía,
con su taita y sus siete hermanos
que parecían como diez y siete,
y
quienes me miraban feo
como si yo fuera un roba gallinas
dándole vueltas
a su gallinero
con intenciones
de hacer hervido,
escondido a orillas del río,
usando
todo  recogido en el camino
y con ocumo silvestre.

Total, que me llevé a la negrita
al fondo de un platanal
para darle unos besos
y ver si tanteaba su yuca
y le meneaba el florete,
pero, no hice nada
porque la negra era muy inocente,
estaba muy jojota,
demasiado inocente.

Sin embargo, me preguntó
“¿Qué tienes tan duro en el pantalón?”
Yo le dije “es un plátano grande
que arranqué de aquella mata
y me lo llevo
para hacer tostón más tarde”,
a lo que la negrita me respondió:
“Esta muy bien, porque se nota que está verde”

ABNELINDA DE 8 a 9pm,

ABNELINDA DE 8 a 9pm, 

LA HISTORIA DE UNA MUJER PURA
QUE APRETÓ TODA LA VIDA
LE
DABA MIEDO DAR CSU MUCURA
POR MAS QUE EL CASIMIRO LA PROCURA.
(Como
si fuera la última noche de una telenovela con cuatro espacios de 13 minutos).

PREVIO
Casimiro Rojas alias “Casimiro tres bolas”, porque la naturaleza le dotó de una unidad adicional de masculinidad, tenía dos horas en la plaza Bolívar del pueblo como gavilán cazando pollos, esperando que Abnelinda Parra saliera de la casa de su tía Purificación Gallardo, para decirle sin tapujo que “…ya no podía esperar más y que necesitaba para ese día la prueba de amor que le había pedido 20 años atrás.”

“De hoy no me pasa”-le dijo bien temprano a su hermano José y que todos conocían como “El gato”

-“Le voy a romper la mucurita, hermano. Usted tiene razón-dijo-, yo he debido salir de eso hace tiempo y sobreponerme a la indecisión de la Abnelinda, que se quiere casar primero…antes de soltar la prenda”.

Efectivamente, Abnelinda salió de donde su tía a paso lento como si viviría para toda la vida, caminando como si estuviera bailando una danza, un vals de principios de 1800. y se quedó muda, sin palabras, cuando el hermano del “gato” le pidió la cuchara de frente, le fijó hora y lugar para meterle la paloma.

Pero, el que quedó sin piso, que casi se desmaya fue el Casimiro, con la respuesta que le dio Abnelinda, que le dijo:

-“Ya hablé con mi hermano mayor, Abner. Y le dije de tus pretensiones. Me dijo que ya estaba vejuca, menopausica y sin aventuras en mi vida. Me aconsejó que te pelara la papa y me dispusiera a comerme las tres guayabas que tienes Casimiro…”

ABNELINDA PELA LA PAPA.
I
No es un trabalenguas , el titulo de este capitulo recoge exactamente los acontecimientos que se esperaban esa tarde, en que “Casimiro tres bolas” se fue al rancho solitario rodeado de camburales, para esperar impacientemente a Abnelinda y darle matarile, es decir, pelarle la papa y darle tres ronquitos de león encebado y con ganas de comer carne.

Casimiro se fue ligerito al rancho después acordar el trato con la Abnelinda, pasó primero por la taguara de Nemesio Paraqueima, compró una carterita de caña blanca, una cajita de chimó y una panela de jabón azul para darse una lavada de sobaco y sacarse el sudor de las tres bolas con media tapara que tenía flotando en un pote grande, lleno de agua, que tenía detrás del rancho y el cual usaba ocasionalmente para que las mujeres que lleva allí, se laven la cuchara después de sudar un poco, después de pasar un ratito bajo sus movimientos de campesino experto en el arte de amar apuradito, como si recogiera naranjas de una mata cargada, en medio de un plaguero.
Abnelinda, por su parte, pasó primero por su casa y le dijo a Abner “...que lo iba a hacer, que esa tarde le daría la cuchara al Casimiro…”   Abner, se le quedó mirando con esos ojos de relámpago; con esa mirada de tigre sabio y le dijo con voz áspera: “lo que falta, es que lo anuncies por radio rumbos, pendeja de mierda, no joda… ahora,  todo el mundo, tiene que saber, que vas a tirar al rancho ese con el cochinito de Casimiro, que lo único bueno que tiene es que es hermano de mi pana, El Gato”

Abnelinda se puso a llorar como si Abner le hubiese dado una de esas palizas acostumbradas que le daba desde que tenía como tres años y que una tarde la dejaron media atarantada como perdida en una atmósfera cargada de estupidez perpetua de la cual no logró salir nunca.

“Anda para la vaina, no joda-le dijo Abner medio molesto-, pero te lavas la cuchara, te afeitas el sobaco, te echas agua florida para que “huelas bien”  y te cepillas los dientes con crema dental. Pero, hazlo rápido, no vaya a ser, que el Casimiro se vaya para el carajo y vengas otra vez sin tirar, no joda. Tengo esperanzas que después que te meneen la cola, vengas menos apendejada”.

  Entonces, Abnelinda salió del baño toda olorosa, se puso su falda floreada nueva, su cota blanca que le hizo su amiga Florinda Ascacio y de estreno se puso una pantaleta cuello tortuga que su tía Encarnación-la mujer que nunca tuvo marido-, nunca se puso y que había estado guardada en el escaparate como por 50 años para una ocasión especial, que se negaba en aparecer.

ABNELINDA PELA LA PAPA.
II

Abnelinda , llegó en cola al ranchito de Casimiro, montada en la parte de atrás como si fuera una chiva amarrada con un mecate por el pescuezo, en una camioneta  que manejaba el tuerto López, un amigo de todos, que siempre se perdía a donde fuera porque veía doble. Entonces, Abnelinda le rogó encarecidamente que no se perdiera porque le iba a dar la mucurita a Casimiro, después de más de 30 años pensando  el asunto, entre muchas calumnias, triángulos amorosos, las vainas que echaba Abner cada vez que se emborrachaba todos los fines de semana en un cuarto de siglo y las escapadas y aparecidas de película, que hacía el gato Rojas, como si fuera una serie de James Bond.
 Total que el tuerto López le puso interés y le pidió a cambio a Abnelinda que le regalara la pantaleta de recuerdo después que le diera matarile y así lo acordaron.

Ya Casimiro pensaba que la mujer no llegaría, pero se equivocó, pues Abnelinda entró al rancho como si se tratara de la mismísima “Dama de las Camelias”.

El Casimiro se había lavado la paloma y también se había bajado media carterita de caña blanca. Se sentía sexy, vestido con su interior tipo bermudas de tela blanca y          broches en la bragueta... también llevaba puesta una camiseta blanca “ovejita” que el Gato le había comprado en el mercado de quinta Crespo y estaba refrescado con unas esencias que le había preparado una bruja que vivía por los lados de Quibor..que según le había dicho, “Le pondría la paloma como chucho de toro.”

Los dos seres se miraron emocionadamente, la Abnelinda sentía que su corazón podría estallar de la emoción y el Casimiro la miraba  de una manera tan vulgar y rastrera que no podía ocultar sus bajos instintos de hombre vagabundo y callejero. Casimiro la tomó por las manos y la fue acercando lentamente, le dio un beso que le quemó los labios y empezó a maraquerla como si estuviese tocando un golpe tocuyano.
.

ABNELINDA PELA LA PAPA.
III

CASIMIRO no tuvo paciencia, ni se anduvo con miramientos. Como si fuera un rayo veloz , empezó a tantear a la Abnelinda como si estuviese haciendo queso caroreño y le metió mano a la mujer por entre “la cuello de tortuga”, consiguiéndose una cuchara tan pelúa ,que dejaba ver claramente los 44 años sin afeitar de aquella araña tropical, que impedía conseguir alguna abertura, que indicara el camino al paraíso.

Pero, Las ganas de seguir el sendero de Dios y cumplir con lo que dicta la Biblia en alguna parte, dirigieron lo que debía hacerse en una suerte de destino escrito con antelación, entonces el Casimiro dejó a la Abnelinda desnuda en pelotas tan rápidamente, que ella misma no se dio de cuenta y precisamente cuando su mirada encontró al descubierto el muñeco de Casimiro, casi le  da un patatús y  no lo cuenta. Ni si quiera quería agarrarlo, a pesar de la insistencia del Casimiro, que le metió a la Abnelinda un cuarto  de botellita de licor, como si estuviera echando aceite con un embudo y cuando la mujer trató de reaccionar, ya el Casimiro le había partido en dos la mucurita, entrando hasta el final del camino y rastrillando todo lo que consiguió en la parcela como si estuviera limpiado un conuco.

Así estuvieron como 5 horas en una especie de  entrenamiento de lucha, que dejó al Casimiro agotado, embriagado de licor de caña, sudado y hediondo a cuca; tirado en una esterilla y como a las seis de la tarde la Abnelinda se puso su falda, su cota blanca y sus sandalias y bajó caminando por el camino de tierra para agarrar una colita, llevaba una bolsita donde guardaba la pantaleta y escrito a lápiz decía: ”para el tuerto López , de Abnelinda”

THE END