EL MALETEADO.
I
La mujer agarró mis trapitos y me los aventó por el balcón como en las historias de drama y comedia, que vimos alguna vez en la gran pantalla.
¿Qué iba yo a pensar, que sería el protagonista de un acto similar?.
Yo me quedé mirando como mis prendas íntimas, volaban rápidamente y se posaban en el jardín de la planta baja. Un hermoso interior de tela de algodón quedó expuesto en una caminería. También vi una camisa de jeans que me encanta y me hacía sentír joven, enredada sobre las cayenas en flor.
La mujer gritaba cosas, que no escuchaba bien, pero una vecina de ella , parece que se estaba gozando el momento, y creo que me estaba grabando con su celular como si yo fuera Raúl Amundaray, en una novela de las nueve de la noche, con música incluida. Luego, mi "ex peor es nada , que andar comiendo lechuga", me lanzó una maletita vacía, muy linda , que recuerdo haber comprado en la isla de Margarita. Me dio tristeza la vaina. Decidí no recoger nada...entonces, saqué las llaves del carro de mi bolsillo derecho y me fui caminando lentamente, mientras algunos vecinos con sus risitas de burla me regalaban una despedida. En ese momento, decidí, gozarme el momento, porque no creo que me vuelva a pasar, semejante vivencia. Así, que le devolví las risitas a los jodedores, que se burlaban de mi mí, a mi paso. Incluso, uno de ellos me brindó un brandy, en un vasito de plástico pequeño , que usan para el café. La conserje del edificio, se me acercó y se despedía de mi con frases, que deban pena. "Yo le dije, que así es la vida" y que "no creía que portara nuevamente, por esos lados. A mi, cuando me corr4en, es para no volver-le dije-.
El carro prendió inmediatamente, y comencé a subir por la 4ta Avenida de Los Palos Grandes, sintiendo el fresco del cerro El Ävila, buscando la cota mil.