lunes, 29 de septiembre de 2014

Las pantaletas de “Juana la Loca”

Las pantaletas de “Juana la Loca

 

Las pantaletas de “Juana la Loca
que estaba usando ese sábado
no le  levantaban a uno el ánimo
y por el contrario,
la moral estaba por el piso.

Juana, es una mujer muy simpática,
alegre y amante de la vida,
pero, ese día…ese día
tenía el glamour de vacaciones,
pues,
al encuentro amoroso
se presentó con una pantaleta
sacada de los años sesenta
roja decolorada,
como de manufactura china,
sin el menor detalle delicado,
sin el menor arte textil
que aunque usted no lo crea
por más que uno quiere ver con entusiasmo
la gracia de la mujer
esa prenda es muy importante
cuando uno busca adentrarse
en los caminos de la pasión.

Yo no se qué pasó realmente,
pero, la inspiración no llegaba
por más que me echaba agua caliente
para que subiera la intensidad;
pero nada de nada,
el avión no quería despegar.

Menos mal, que me acordé
de una oración que tenía en la cartera
para ocasiones similares
que me había dado mi abuela.
Entonces,
reza que reza,
implora que implora
suplica que suplica
ofrece que ofrece,
hasta que como un acto de magia
asomó la cabeza, la tortuga.

Sin embargo, quedó claro
en aquel encuentro azaroso
que Juana la loca,
tendrá más cuidado,
de ir más presentable
cuando vaya de compras al mercado.

Hoy me dijeron viejo.

Hoy me dijeron viejo.

 

Hoy me dijeron viejo.

Fue durante una conversa
que mantuve con una señora estropeadita,
arrugada y chococleta,
toda pintarrajeada
como una muñeca de Reverón;
con unas canillas flaquitas
y nada de culito;
como una mesa de planchar
plana muy plana,
que uno no tiene de dónde agarrar.

La señora -muy coqueta-,
 me buscaba conversación
como echándome los perros
y enseñándome un picón
flácido, pálido
y pellejudo como pescuezo de gallina
entrada en años,
pero, yo no me inmutaba
y casi me persignaba.

La viejita me decía
“Que tenía cincuenta y tres años”,
como si yo fuera un niño con chupeta,
entonces, le dije
“…que yo le llevaba un año
pues tenía cincuenta y cuatro”;
¿Cuál no fue mi sorpresa,
cuando la señora se me quedó mirando
y me dijo que aparentaba como sesenta y cuatro?

¡Caramba estimada señora
-le dije-
ss que yo he sufrido
mucho en la vida
y parezco un trapito muy usado,
tanto, que los años se me han multiplicado
a pesar que procuro
echar bajo la alfombra
unos cuantos meses y años.

¿Dígame-le pregunté-,
Cuál es el secreto
que usted tiene
para estar tan bonita
como uva madura,
que provoca hacer vino y sacarle el jugo?

Más vale que no.
La viejita se llenó de entusiasmo
y sacó su pectoral hinchado de aire
con dos tetitas desinfladas
que no provocaban un mal pensamiento,
para luego terminar
invitándome a un sarao
que tendrá en su apartamento.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Me gustó la vieja

Me gustó la vieja


Me gustó la vieja
y lo digo sin disimulo,
la mujer es cincuentona, buena moza,
tiene unos ojazos, es rellenita y piernona
yo me dije:
¡Recorcholis, que vieja tan buena!

Le estuve observando durante todo el sarao,
pero no me le pude acercar mucho
porque una cuerda de babosos
no me daban chance.

Solo pude bailar con ella
una guaracha de Billo s
y sentí su encanto
 cómo movía sus caderas
con una cadencia y un estilo
que me paraban los pelos
y me ponían el pensamiento negro
como para una confesión
como se hacía en pena Edad media
o, en la época de Maria Castaña.


¿Dios mío-me pregunté- será
que yo también soy un viejo baboso,
y no me he dado cuenta,
con esa mente torcida
creyéndome un  Don Juan Tenorio?

Total, que decidí retirarme,
Pero, antes
lancé un tiro al aire,
para no entregar el frente
tan fácilmente;
entonces,
le pasé una notita
a la hermosa mujer
-salga sapo o salga rana-
que decía:
“…este es mi número de teléfono,
mujer bonita.
Yo, ya no ando para babosadas,
usted sabe lo que quiero,
yo no ando con regodeos
a la hora de preparar una ensalada.
Si quiere compartir conmigo
y tener un encuentro
en la mañana, en la tarde,
de noche o de madrugada;
comuníquese conmigo
y matamos la culebra por la cabeza,
de una sola estocada.”

Así fue como el camino se abrió
y  conocí mejor
a esta bella mujer
que sobresale de una manada.

Yo digo:
El que no arriesga
No pierde nada.

sábado, 27 de septiembre de 2014

El viejo Bernardini se quedó tieso...

El viejo Bernardini se quedó tieso...


El viejo Bernardini se quedó tieso...
Yo lo tenía encima
-contaba la muchacha-,
no sabía que estaba muerto;
no se movía ni un milímetro,
no soplaba como siempre lo hacía
y su miembro se me fue durmiendo
ablandando como un trapo
y allí fue cuando me dije:
“Caramba, el viejo se me murió
O, le está dando algo;
para colmo pesaba un mundo
y me costó muchísimo
quitármelo de encima.”

¿Cuando te apartaste del hombre
descubriste que estaba muerto?
¿O todavía respiraba?
-le pregunté
a la bella enfermera,
que me hacía su confidencia-

Inmediatamente, me di cuenta
que el viejo estaba muerto.
Entonces, fui a la recepción y pedí ayuda;
Gritando, primero
Llorando, después:
“señores, en la habitación
tengo al viejo muerto, le dio una cosa
y estiró la pata”.

Luego, ellos llamaron a la policía
y se prendió ese problema.

“Yo fui a parar a la comisaría
como si fuera una delincuente.
Estuve como tres meses
hasta en los tribunales
echando el mismo cuento.”

II

¿Cómo conociste al viejo?
-le pregunté a la mujer-
“Lo conocí en el Club ítalo,
donde yo trabajaba.
Me echaba los perros,
me decía que era viudo;
que no quería una enamorada, ni una mujer
...que solo quería una compañía;
una o dos veces al mes.
Entonces, llegamos a un acuerdo
y él me pagó mis estudios de enfermería.”

Estuvimos juntos como dos años
Y a sus ochenta años
El viejito medio funcionaba,
claro, ayudado con un medicamento,
hasta que se quedó tieso
de un solo trancazo:
le dio un infarto, en peno acto...
como si estuviese bailando,
como si estuviera
susurrando, un tango...”

La culpa fue de los puercos

La culpa fue de los puercos


“La culpa fue de los puercos
Porque yo nunca anduve pendiente de esa muchacha,
Ni siquiera la había detallado,
Ni nada de eso”
-contaba  Fernando,
mientras estaba sentado
frente a un detective
que le hacía preguntas
y tecleaba en una máquina de escribir
su declaración sobre lo acontecido
en el platanal de Quiñónez-.

-Verá usted señor detective:
El río separa las dos parcelas,
de mi lado tengo maíz,
y mis cochinos
que tengo encorralados
y ellos se portan bien en su sitio,
con su charco, su comedero
y su atención sanitaria.

-…Del otro lado del río
 –seguía echando el cuento-,
hay un platanal y otros sembradíos
en la parcela de Quiñones.
En ese tiempo,
estábamos en verano
y las aguas del río
se encontraban bien bajas,
prácticamente, era una quebrada.

-…Un día, tres cochinos pasaron el río
 y se metieron en el platanal.
Yo los estuve buscando
y por el ruido que hacían
supe que habían pasado el río.
Como no vi. a nadie en la zona,
me aventuré y me metí en la parcela de Quiñónez
para recuperarlos.

Allí fue cuando me conseguí con la muchacha
que estaba acostada mirando para arriba,
tenía una bata que no le tapaba casi nada
y le dije, que estaba buscando mis cochinos.

-¿Esa muchacha es la hija de Quiñónez?
-pregunta el detective-
“Si señor detective”
-responde Fernando-
-¿Y entonces, qué pasó?

-Bueno, ella me ayudó a buscar los cochinos,
entonces, los recuperé y me los llevé de vuelta.
Al otro día la muchacha me saludaba y me hacía señas.
Entonces, yo pasaba el río
y nos sentábamos a hablar en el platanal.
Y en eso pasamos como tres meses.

-¿Termina de explicar
cómo le pusiste la barriga a la muchacha?
-le indicó el detective-,
¿O, es que la culpa la tienen los cochinos?

viernes, 26 de septiembre de 2014

Flor de Lis es una hermosa mujer

Flor de Lis es una hermosa mujer


Flor de Lis es una hermosa mujer
con quien me veo de vez en cuando,
porque su marido le cela mucho
y no le quita el ojo de encima,
como si fuera un guachimán
cobrando buen salario.

Cada vez que nos vemos;
la bella Flor de Lis
estrena un lindo calzón
muy vistoso y sugestivo,
que parece una diosa tropical
con poco abrigo.

La última vez que nos vimos
se quitó su pantaletica
se la pasó por todas partes
-ustedes saben,
…por las auyamas, el ocumo y la yuca-;
y a escondidas,
la metió en mi bolso
para que me llevara de recuerdo
Sus olores y su souvenir,
a manera de una pelota de baseball
que uno agarra en el stadium de pelota.

Como a los dos días descubro la pantaletica
Metida en mi bolso
Y se me escapó una sonrisa,
Mientras miraba por la ventana
los recuerdos de Flor de Lis.

En ese instante entra mi abuelita
Y con mucha curiosidad me pregunta:
-“¿Qué miras, hijo mío?”
Yo le respondo:
-“Aquí abuela, mirando la ciudad.”

-Pues, abre la ventana
nieto querido,
-me respondió-
…para que entre aire
Y salga ese olor a yuca.

jueves, 25 de septiembre de 2014

A la negra Pacheco le dio chikungunya.

 

A la negra Pacheco le dio chikungunya.


A la negra Pacheco le dio chikungunya.
Eso le puede dar a cualquiera,
en cualquier momento,
pero,
a la negra le dio en mal momento.

Yo pensaba verme con ella
este viernes en la tarde
para comer algo ligero;
tomar un vinito
y luego,
irnos por esos mundos de dios
para probar la miel
de su cariño
durante el atardecer,
 en algún nido bonito
como si fuésemos dos tortolitos
dándonos besitos
y una más que otra sacudida de plumas
entre suspiro y suspirito...

La pobre negra Pacheco
tiene dolores por todas partes,
fiebre, malestar, debilidad,
y no se quiere parar de la cama,
entonces, se puso a llorar
lamentándose de la mala suerte
y me dijo lloriqueando
que se perdería la planeada tarde
porque le dio chikungunya.

Yo le dije
a la negra Pacheco:
“Que este viernes comeré pan con queso”,
pero,
cuando ella se recupere
entre cielo y tierra
no habrá, luego;
fiebre, gripe, dolores,
escalofríos, ni nada que le salve
porque voy a parecer un mono,
un macaco loco,
con cara de monje loco
como si fuera un hijo sin madre...

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Ayer fue el día de Obatalá


Ayer, fue el día de Obatalá

Ayer fue el día de Obatalá,
O Virgen de las Mercedes,
en ese secretismo que se da
en varias devociones
de las creencias católicas y africanas.

Aproveché el día
Y le prendí una velita a la santa
para que me ayude a liberarme
de una cuaima terrible
que me tiene la vida echa cuadritos
y que no pierde oportunidad
para tratar de someterme
como si yo fuera su negrito,
así como se ven  en las películas
con los blancos caminando
en medio de la selva
con sus negritos atrás cargando peroles
y respondiendo:
-“si wana, si wana.”

Yo aguanto los arrebatos
de esa culebra blanca
porque tiene una manzana bonita,
pero ya  estoy cansado
De ese sometimiento.

Entonces,
le pedí a la santa
que se apiade de mi;
que me quite de encima esa cuaima
que me tiene sufriendo,
y me de a cambio a una morena, una negra
o una india bonita;
no importa que no tenga una manzanota,
yo me conformo con lo que tenga,
mientras no me amargue la vida.

Hoy lunes me quedo en casa

Hoy lunes me quedo en casa

Hoy lunes me quedo en casa
limpiando mi habitación,
recogiendo los periódicos
regados por todas partes,
llevando los libros a la biblioteca,
quitando el polvo,
recuperando mis medias
e interiores de debajo de la cama;
de repente friego, lavo el baño,
aseo la nevera
y observo lo que voy a botar
antes que termine diciembre.

Si no lo hago
creo que me mudo,
porque esto no se aguanta.

¡Se cansa uno!

Esa noche del viernes fue muy ruidosa

Esa noche del viernes fue muy ruidosa

Esa noche del viernes fue muy ruidosa,
Tomamos mucho aguardiente,
Bailamos  mucha cumbia
con todas “las muchachonas” extra perfumadas
de un pachulí muy intenso
 que nos impregnaba la piel, la ropa
y hasta los cabellos.

A mi amigo Juancito Pico,
Le tocó
una gorda colombiana
que lo besaba a cada rato
y lo tenía todo pintorreteado;
Al  punto que le dije:
“que ni se le ocurriera llegar con esa camisa a su casa,
Porque su mujer lo iba a “maletear”  sin mucha discusión,
Si es que primero, no lo mata.”

Pero, resulta que el consejo
Era para todos,
porque estaban hediondos a “muchachotas”,
Por donde quiera que se metiera la nariz.
Allí no había cuento chino,
Ni nada que tapara el hueco
Que hace un cañón
En un barco, herido de muerte.

Mientras, Carlos bailaba en un ladrillito
La Carta” de los terrícolas,
con una muchachona de pompi grandote;
Yo negociaba con el dj
Para que repitiera la canción,
O una parecida,
Para luego,
pedirle un chance a Carlitos,
 y me prestara la muchachona
procediendo cual arepero a amasar la masa,
así podría averiguar,
 tantear, qué tenia…la muchachona
si era verdad su atractivo bojote,
-por mera curiosidad-,
o estaba envuelta en trapos
para engañar la vista
de un pobre borracho...


Al final nos echamos a la suerte  las muchachotas.
Colocamos en un sombrero,
Papelitos con colores anotados,
Correspondientes al color de sus vestidos,
Entonces,
El azul: ¡Upa cachete, la china se va con Juan!;
Amarillo: ¡Upa cachete, la gorda se va con Carlos!,
Floreado: ¡Azuquita papá, la traserona se va con Augusto!,
Quedaba un papelito que era el mío
Y era de la más vieja de las mujeres
-yo creo que me jugaron quiquiriguiqui,
Esa cuerdita de vagabundos y tramposos,
Mal viviente, bebedor,
“muchachoneros” y tramoyeros…

Entonces, me dije:
“No importa, negro
Gallina vieja hace buen caldo”

Pasaron como tres horas
Hasta que nos volvimos a ver
 para irnos, bañarnos,
 desayunar,
y agarrar carretera
cuestión de regresar a Caracas
y  con la mente despejada
por un baño frió
vimos por última vez
el rostro de las muchachonas
¡Caramba, mi hermano
Esas mujeres eran más feas que un espanto!
Ninguna se salvaba de esa lista,
No  llegaban por los tobillos
A lo que teníamos en casa;
Eran feas, pero muy feas;
Tuertas, sin dientes, manchadas, pelo malo,
Patulecas y sin gracia.

¡Que cosa tan mala, es andar emparrandado
Con hombres bochincheros,
Tomando cervezas
Y echando broma,
la mente se turba y uno termina
Ahorcándose con un espanto!