domingo, 28 de septiembre de 2014

Me gustó la vieja

Me gustó la vieja


Me gustó la vieja
y lo digo sin disimulo,
la mujer es cincuentona, buena moza,
tiene unos ojazos, es rellenita y piernona
yo me dije:
¡Recorcholis, que vieja tan buena!

Le estuve observando durante todo el sarao,
pero no me le pude acercar mucho
porque una cuerda de babosos
no me daban chance.

Solo pude bailar con ella
una guaracha de Billo s
y sentí su encanto
 cómo movía sus caderas
con una cadencia y un estilo
que me paraban los pelos
y me ponían el pensamiento negro
como para una confesión
como se hacía en pena Edad media
o, en la época de Maria Castaña.


¿Dios mío-me pregunté- será
que yo también soy un viejo baboso,
y no me he dado cuenta,
con esa mente torcida
creyéndome un  Don Juan Tenorio?

Total, que decidí retirarme,
Pero, antes
lancé un tiro al aire,
para no entregar el frente
tan fácilmente;
entonces,
le pasé una notita
a la hermosa mujer
-salga sapo o salga rana-
que decía:
“…este es mi número de teléfono,
mujer bonita.
Yo, ya no ando para babosadas,
usted sabe lo que quiero,
yo no ando con regodeos
a la hora de preparar una ensalada.
Si quiere compartir conmigo
y tener un encuentro
en la mañana, en la tarde,
de noche o de madrugada;
comuníquese conmigo
y matamos la culebra por la cabeza,
de una sola estocada.”

Así fue como el camino se abrió
y  conocí mejor
a esta bella mujer
que sobresale de una manada.

Yo digo:
El que no arriesga
No pierde nada.

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