La negra Aminta
La negra Aminta
con su traserito “parado ”
todos los días nos alegra la mañana,
cuando sale con su bolsita
para hacer el mercado.
-¡Buenos días, Aminta, mi amor !
-le saludo-
¿Para dónde vas tan buena moza?
-le pregunto en la mañanita-.
Y ella me contesta con su picardía
automática de barloventeña nata,
sabiendo perfectamente
que uno se queda virolo y baboso:
-“Voy a comprar la carne para la sopa,
las verduras frescas
y una mano de cambur
para los muchachos. ”
Entonces, se va meneando su encanto grandote
con ese donaire tan bonito
y uno se queda como un jipato
mirando a la derecha,
mirando a la izquierda
según se mueva su atractivo.
Y ese encuentro se repite todos los días,
hasta que a uno se le ocurra alguna genialidad
para lograr un progreso en la amistad
con la finalidad de acercarse a la mata
para agarrar ese mango
y darle de comer al pajarito,
que sufre hambriento y de frío
como si estuviera debajo de un aguacero
en pleno mes de mayo.
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