martes, 23 de septiembre de 2014

La negra Aminta

La negra Aminta

La negra Aminta
con su  traserito “parado
todos los días nos alegra la mañana,
cuando sale con su bolsita
para hacer el mercado.

-¡Buenos días, Aminta, mi amor!
-le saludo-
¿Para dónde vas tan buena moza?
-le pregunto en la mañanita-.

Y ella me contesta con su picardía
automática de barloventeña nata,
sabiendo perfectamente
que uno se queda virolo y baboso:
-“Voy a comprar la carne para la sopa,
las verduras frescas
y una mano de cambur
para los muchachos.

Entonces, se va meneando su encanto grandote
con ese donaire tan bonito
y uno se queda como un jipato
mirando a la derecha,
mirando a la izquierda
según se mueva su atractivo.

Y ese encuentro se repite todos los días,
hasta que a uno se le ocurra alguna genialidad
para lograr un progreso en la amistad
con la finalidad de acercarse a la mata
para agarrar ese mango
y darle de comer al pajarito,
que sufre hambriento y de frío
como si estuviera debajo de un aguacero
en pleno mes de mayo.

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