domingo, 29 de marzo de 2020

Vivir con Pandemia

"si la Pandemia , fuera mi mujer,
me la llevara a vivir al Sahara..."


Vivir con Pandemia
1
UN BESITO PARA ROSITA.

(Un besito, para Rosita,
para que se le quite la gripe
que confunde con virus
y no llega a catarro.)

Mi vecina Rosita
amaneció antier, engripada;
con dolor de cabeza,
los ojos enrojecidos,
una tos intermitente
y escupiendo moco.

Ella está asustada,
es un manojo de nervios;
no quiere estar contagiada
de ese chino catarro.

Yo le dije que "no se angustie...
que tiene una psicosis"
y entonces,
sigue viniendo temprano-a mi casa-,
me trae un cafecito,
que yo me tomo con gusto;
camina por toda la sala
y se asoma a la ventana,
mirando los pajaritos
que llegan de El Avila;
ella tiene su batita cortita
luciendo sus hermosas piernas
de mujer de cabaret
de los años cincuenta.

Yo le miro el baile de sus caderas,
suspiro con sus senos de gelatina
y le digo:
"No te vayas a enfermar, Rosita,
eso es una gripecita
que con un besito,
se te quita".





2
CUARENTENA, SIN AGUA.


(Cuarentena, sin agua.
Sexto día de cuarentena
registro, en mi bitácora
me temo, que llegaré a la centena
pero, sin agua.)

A cada rato, por televisión,
hacen un llamado a lavarse las manos
incluso a usar alcohol;
a tener la casa limpia
y usar tapa boca
pero, pero
siempre hay un pero
antes de la cuarentena en todo mi sector
llevábamos en cuenta
quince días sin agua,
quince días de drama y dolor.

¿Cómo haremos , señor?
clama uno, a los cielos
¿Será que la empresa de agua
no ve televisión?

Por cierto.-les cuento-, que ayer
sacaron de su casa
a unos vecinos viejitos,
-¿Todos para el hospital,
enfermos por el virus?, -preguntó un curioso, que nunca falta-,
¡No, no, por falta de agua, señor¡
-contestó un familiar,
que vino prestando socorro
al par de viejitos,
que no aguantaban la situación-.


3
SI UNO PUDIERA, PICARLE ADELANTE

(Si uno pudiera picarle adelante
a la cuarentena.)

La próxima vez
que se sospeche
de una pandemia
por alguna cosa horrible,
quisiera Dios mío,
picar adelante,
ante la posibilidad
de que decreten
una cuarentena.

De esa manera,
me prepararía,
para estar en mi casa apertrechado,
 con todo lo que me gusta y me hace feliz.

Tendría en mi despensa
unas diez botellas de vino  tinto
para tomarlo en copas,
o acompañando la cena.

Tendría  carnes variadas en la nevera,
así como yuca, papas,
vegetales suficientes,
para armar una  buena cazuela.

Además, tendría en mi despensa,
harina de trigo, para hacer lo que quiera,
huevos para la tortilla; para el quesillo,
postre bien hecho,
con amor y dulzura.

Invitaría a compartir
a mi comadre Augusta,
quien es una hembra del Alto Apure;
mujer de mi compadre Rosalío,
para que pase unos días en Caracas,
conociendo la ciudad,
hasta que pase la cuarentena
y se pueda ir tranquila
a vivir su  vida de aventura.

Entonces,
cuando decreten la cuarentena,
tendría en mi casa,
lo que necesite
para pasarla feliz,
solo con la Augusta,
recordando las llanuras,
que se internan en el Casanare,
mientras atiendo mi casa
y le doy mantenimiento
al palo de aguacate
que florea en Mayo,
con las primeras lluviaas de invierno.




4
LA HISTORIA DE UN GATITO FELIZ.


(La historia de un gatito feliz).

Mateo es un gatito comunitario
que criaron unas niñitas,
que se fueron a Colombia,
siguiendo a sus padres
buscando mejor vida;
buscando los dólares
en una universidad de allá
que paga mejor a los profesores
y algo traerán,
cuando la vida mejore.

El pobre Mateito, quedó solito,
a la buena de Dios,
viviendo en el jardin de sus amas,
maullando todas las mañanas
acurrucado en la ventana.

Desde ese día,
fue adoptado por mucha gente
que al grito de "ven Mateo",
le llamaban para ofrecerle algo,
que le llenara el saco.

Una viejita
que rondaba los cien años;
que vivía en el piso dos,
le tenía consentido
en su vida de "gato comunitario",
ella, le acomodaba el día,
aunque sea con arroz y carne fría.


A principios de Marzo, la viejita se murió
y el pobre de Mateito
huérfano se quedó,
en su vida de gato ambulante,
criado en casa de amor.

Con la tragedia de la cuarentena
por causa mayor, ustedes saben,
la pandemia del corona virus,
Mateito, se vió en aprietos para comer.

Una noche me tocó la puerta
pidiendo aunque sea arroz,
con miau miau de dolor
pero yo no tenía nada
que ofrecerle al amigo maullador.

Le resolví con tres ruedas de mortadela
y le dije que viniera al día siguiente,
que yo haría una sopita de pollo
y le guardaría su bandejita, adornada con arroz.

Como si fuera un soldadito,
llamado a almorzar por una corneta,
al mediodía, se apareció Mateo,
reclamando su comilona
que yo le tenía preparada,
con pescuezo, alitas y huesitos,
rellenos con pedacitos
de pechuga y muslo,
en salsa casera de pimentón con cebolla;
y el Mateo sin darle tiempo a nada,
le saltó a la bandeja,
como si fuera un festín,
digno de un jeque,
dádose vida en una playa.

Cuando me di cuenta,
Mateo se había deborado
el suculento plato
y pude verlo afilando sus pezuñas
en una mata de guayabo,
mientras miraba a una gatita atigrada
con ojos de Albertico Limonta
frente a Marina Baura
en tiempos del "Derecho de nacer",
que no pelaba un abrazo
y un beso, después de comer.




5
DESDE LAS PALMAS, ISLAS CANARIAS


(Desde Las Palmas, Islas Canarias,
me reporta mi amiga
Evangelina Vergara).


A través de una video comunicación
reporta, mi amiga Evangelina
me echa el  cuento
de los estragos que ha dejado
el paso del corona virus
por el archipiélago
"Es terrible, hermano mío
lo que aquí ha sucedido.
Nos obligan a estar encerrados
como si uno fuera un trapo, un abrigo
que se guinda en el perchero
como si nada."-me dice-
"Yo debo bajar
a pasear a mi perrito "Pichu"
para que camine un ratito
y haga más fácil su necesidad, como siempre;
y en seguida desde las ventanas
me empiezan a gritar:
"Irresponsable, mujer
entra a tu casa
que te puedes infectar"
-me gritan y me gritan-
-Claro, yo recojo la caca
y prenso la correa
e inmediatamente,
subo a mi piso,
pero si les respondo:
"que no le hago daño a nadie,
 que no rompo la cuarentena,
que solo es un ratito,
 que por ese momentito no nos vamos a contagiar todos..."

-Peor es lo que pasó-te digo-,
 en una residencia de viejitos, -tu sabes un ancianato-
que es atendido por unas monjitas,-te cuento-:
Resulta que el gobierno
anuncia la gravedad
de la situación,
 lo delicado del virus
que está matando gente;
 que la cosa no es cuento
y que se ve en la necesidad
de restringir la movilidad y todo eso-tu sabes-,
pues ha pasado una cosa horrible, nunca vista...
resulta que las monjas se han ido del lugar,
podría decirse que desertaron en la noche
y dejaron los hábitos,
aqui algunas hermanas andan sin hábitos,
 las cosas ya no son como antes,.
"Fue al día siguiente-me dice la amiga-,
que la cocinera descubre el abandono de los viejitos,
esos seres que construyeron lo que somos, hoy día.
¿Qué te parece?
Fue la cocinera, una venezolana,
la que salió a denunciar el caso de los viejitos abandonados,
que estaban aterrorizados, como si el mundo se estuviera acabando.
Eso fue al día siguiente, de la fuga masiva de hermanitas"
Luego llegó un cura a dar la cara en la residencia
-que así se llama aqui al ancianato ese,
para dar la extremaunción a los que estaban vivos.
¿Da verguenza, verdad?
Por ello, amigo querido,
me metí en una comisión de vecinos
y fuimos a la residencia para ayudar
y atender a los viejitos;
que creían que se morían,
que había llegado el fin del mundo...
que el mundo se iba a acabar.




6
EL CARDENAL PORRAS.


(El Cardenal Porras
da misa desde mi balcón.)

Ese domingo, me levanté bien temprano
-como siempre-, pero está vez me di un baño
escuchando el himno nacional;
me puse un traje azul, con mi amisa  blanca,
mi corbatin vino tinto,
me peiné con vaselina
y me perfumé con agua florida.

Luego, abrí de par en par, el ventanal de mi sala,
tomé un velón amarillo ,
 lo encendí y lo coloqué en un platito,
que tengo en una esquinera,
que hace las veces de altar
de centro de oración,
encendí la radio de mi predilección,
esperando el programa de los domingos
con misa desde la radio,
pero en esta ocasión,
estaría frente a la misma
al  Cardenal Porras
como algo especial,
ya que estabamos en cuarentena
y no podíamos asistir a la iglesia en vivo
para evitar la aglomeración
y el peligro que representa
 tanta gente junta
en un solo salón.

Mi vecina del frente,
 la que da balcón con balcón,
la señora María Concepción,
que fue fundadora de la urbanización,
me pregunta que para dónde voy,
que si voy a aparecer en televisión.

Yo le dije que no,
 que voy a escuchar misa por radiodifusión
e invito a la señora a imitar la cosa
y entonces hace lo mismo desde su balcón.

Lo más bonito del acto,
es que nuestros vecinos escucharon misa
con las dos radios encendidas
y nos dimos la paz,
pidiendo que el corona virus
no afectara tanto a la nación.



7
EL SEÑOR DEL TOLDITO
QUE TIENE EL CARRITO MARRÓN.


(En la plaza Diego de Losada, en La Pastora
hace vida informal un comerciante
con su toldito,
que quita y pone todos los días.)

Llega tempranito, todos los días
en su carrito marrrón
y comienza a sacar su mercancía
embalada ordenadamente
como si fuera una pulpería.
Humildemente, vende sus chucherías
a los parroquianos;
a los estudiantes de la Universidad Santa Rosa
de noche y de día.

En tiempos de pandemia
solo le dejan trabajar mediodía,
pero el hombre no siente agonía,
porque en estos días,
ha vendido de todo
-como Venezuela en sus mejores días-.

La gente compra chucherías
como si fuera de paseo,
para el parque del este,
a pasar todo el día;
llevan catalinas, suspiros,
 conservas de plátanos y de guayaba,
tabacos, velas, fósforos, caramelos,
y últimamente,
aceite, harina, pastas, salsas, condimentos
que resuelven a las amas de casa
que llegan desesperadas,
a comprar lo que puedan
para preparar las judías.

Lo extraño del fenómeno
es que el señor del toldito
que tiene el carrito marrón,
anuncia todos los días
las variaciones en los precios
que sufre su mercancía,
por el simple de hecho
que las bodeguitas del sector,
se han quedado vacías.

El miedo que yo tengo,
es que nos quedemos sin comida
porque no se ve reabastecimiento,
y me temo
que los últimos días de la cuarentena
serán de sufrimiento.


8
El señor Jacinto "Guapachá"
compró el apartamento de abajo.


(El señor Jacinto Guapachá
compró el apartamento de abajo,
me decía la administradora del condominio,
cuando pasó a cobrar
la factura del mes pasado.)

Yo sabía que mis antiguos vecinos
una pareja de arqueólogos,
que conozco desde la universidad,
hicieron sus maletas
y a México fueron a parar
para seguir la vida
con mejores caminos por andar
en su oficio,
en su vida familiar.

Yo solo le pedía al cielo,
que no me fuera a tocar,
un nuevo vecino
con malas costumbres,
escandaloso, marihuanero,
mala conducta, desadaptado
y quién sabe cuántas cosas más,
que perturbara mi vida, mi paz.

Afortunadamente, todo indicaba
que era buena gente
los que fueron a parar
al apartamenbto de abajo;
solo escuchaba la voz de la mujer
en ciertas ocasiones
que decía:
"Guapacha tal cosa, no se te vaya a olvidar,
Guapachá baja el volumen, piensa en los demás,
Guapachá trae pan, que viene mi mamá,
Guapachá saca el perro, que quiere caminar".

Fue el sábado pasado,
en plena vida de la pandemia
que supe de los Guapachá,
cuando a las siete de la noche,
comenzó gente a llegar
al apartamento de los Guapachá.

Comenzaron brindando en el frente de su casa
copitas de ron con cola al que quiera tomar
que no eran sino cuatro o cinco "arroceros" de la comunidad
que no se pelan un bochinche
y dos invitaciones para tomar
"vaya-pensé- en la velocidad
que tiene Guapachá
para hacer amistad."

No eran las ocho de la noche
cuando tres o cuatro parejas
llegaron al apartamento
y entrando le decían:
"Feliz cumpleaños, Guapachá".

Me pareció raro,
que este hombre se pusiera a celebrar
su cumpleaños en pandemia,
pero en la vida ajena
uno no se puede incorporar.

Colocaron su "salsa brava" a sonar
en su equipo de alta fidelidad,
pero a muy bajo volumen,
se veía que no querían molestar
y se escuchaba la voz de la mujer
"no le subas tanto, Guapachá".


Veremos cómo se comporta el Sr. Guapachá
cuando pase la cuarentena
y tenga más libertad
de escuchar su equipo de sonido de alta fidelidad.


9
La Pandemia



(Pandemia, puede ser el nombre de una mujer
que tenga a su hombre
sumido completamente
en un dolor de desprecio,
como sucedía en las escenas
de la películas mexicanas de los cincuenta.)

Sería una especie de mujer fatal;
 una María Félix, dominante,
cruel, vengativa
que tiene al pobre hombre
totalmente subyugado,
y pidiéndole, rogándole
un poquito de amor en un catre.

La Pandemia, merece una canción
donde se describe su magnetismo,
la fuerza de sus ojos negros intensos;
donde se describe su piel morena,
su cabellera azabache,
de india dominante,
el atractivo de su sexo
y el imán, ese olor a miel
que despide.

Pero, la Pandemia es mujer peligrosa,
puede ser que atienda tu pedimento de amor,
quizás no te advierta
que puede ser tu fin,
y quedes envuelto en las sábanas de la muerte,
merecedora de un titulo de película:
"El último beso".

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